Pues eso… buscando en la cochera (que más que cochera es un trastero) cosas que podría vender en Wallapop o eBay, con idea de ir quitándome bultos de en medio, me encontré con la colección prácticamente completa de la revista Nueva Lente, la saqué de su caja (las revistas, comics y similares me gusta tenerlas bien conservadas y cuidadas), le hice fotos al lote completo, algunos ejemplares sueltos, etc.
Fue al ir a guardarlos de nuevo en su caja cuando, del interior del número 38 de abril de 1975, se cayó un sobre oficial de la redacción de Nueva Lente que daba por completo olvidado.
Dentro estaba la carta de respuesta que me enviaron desupés de haberles mandado una foto para ver si la ponían como portada de la revista. Estaba el sobre con su matasellos y la diapositiva Ektachrome Infrared (titulada «Calle Contraluz», disparada a 1/300 y f/22, no recuerdo con qué cámara) que les había mandado. El clip original sigue pillando el cartón de la diapositiva, dejando su marca cincuenta años después.

La carta, mecanografiada y firmada de puño y letra por Jorge Rueda, decía textualmente:
«Los formatos requeridos para portada deben ser verticales, sin que importe mucho el tamaño de la diapositiva original. Hemos examinado el original que envías y por el momento no procede su publicación.»

Lo divertido de encontrar esto medio siglo después, cuando ya solo te interesan las revistas para hacer caja, es mirar la diapositiva al trasluz y comprobar que la fotografía era rotundamente vertical. El director de la vanguardia fotográfica española se marcó una excusa técnica inventada para salir del paso elegantemente. Viendo la portada de ese mes —con un hombre de rodillas en la arena de un campo de fútbol—, la ironía se escribe sola: si ese fuera Jorge Rueda estaría cumpliendo su condena por mentiroso.
Para colmo, la diapositiva tiene un detalle cómico: la película está montada del revés en el cartón. Un cartel del fondo de la calle se lee de derecha a izquierda. A saber si lo hice aposta o no, pero en la redacción ni se enteraron o se enteraron pero creo que ni la vieron, ya que si te fijas en la marca que hice con la flechita de cómo debería verse, no recuerdo si es para que se viera en esa dirección o que se insertara así en el proyector, sea como sea, está en vertical, eso sí, al ver esa diapositiva al trasluz, el contenido de la misma está al revés y se aprecia lo que te decía antes del cartel.


Rueda remataba la carta asegurando que «en ningún caso funcionamos como la lotería». Y llevaba razón: esa lotería no la hacía el azar, para eso ya estaban los dedos de sus manos decidiendo el compadreo de las portadas. Hoy está más que contrastado que el mundillo editorial de los setenta se movía por círculos cerrados, amiguismos y caprichos de la redacción, sin comités neutrales que valgan.
Seguramente mi foto no era digna de portada y tampoco era para tirar cohetes, lo reconozco, seguramente para mí tendría un valor especial por ser el tipo de película que era, que con los 17 años que tenía en esa época, seguramente para mí era un «fotón», pero viendo las que salían por entonces, algunas tampoco lo eran. Eso sí, simplemente las firmaba alguien con renombre, aunque viéndolas hoy con perspectiva, algunas eran una verdadera caca de la vaca… ¡y ahí queda eso!
Una joya de documento y una prueba real de cómo funcionaba la trastienda de las revistas de la época, rescatada directamente del olvido gracias a una limpieza de trastero.
Nos vemos.
Guillermo